¿qué premia la vida?
qué premia qué premia qué premia
qué premia la vida quiero saberlo no premia lo que creo no premia lo que creía
premia el coraje premia la valentía premia la confianza premia la alegría
dónde encuentro eso dónde lo tengo dónde lo escondí dónde lo tenía
qué premia la vida quiero saberlo no premia lo que creo no premia lo que creía
Creo que es importantísimo preguntarnos qué es lo que creemos que premia la vida. Empiezo por el principio: yo entablo una conversación con la vida. Debería llamarla como la llamo en privado, Vida, con mayúscula, porque así se siente el vínculo: es el que tengo con una amiga entrañable, con la que me peleo, discuto, disiento, me disculpo y agacho la cabeza cuando me dice: “Yo te lo dije”. No creo que hagamos las cosas solos; no creo que ese sea el plan. Creo que estamos más acompañados de lo que parece. Y necesito, con todo mi corazón, creer que existe un porqué para todo lo que pasa. Es lo único que me permite ir a la fundación todos los jueves y entrar en contacto con el aparente sinsentido de la existencia al encontrarme cara a cara con la enfermedad en la plena inocencia. Creo que los hilos están; simplemente no es momento de verlos aún. Necesito sostenerme a la esperanza de un plan maestro al cual no me dieron acceso.
Vuelvo.
Creo que la Vida premia porque lo único que quiere es que podamos encauzar el caudal de nuestro río interior hacia algo que sea realmente auténtico, genuino y amoroso para nuestros días en esta Tierra. Creo que vivir la vida siendo quienes somos, desde el deseo de ser y hacer el bien, por más torpe que sea en nuestra frágil humanidad, es lo que hace que nos encontremos interconectados y ahorraría bastantes de los problemas que tenemos ahora como sociedad. Existe el libre albedrío, claro: uno puede decidir jugar a este juego o no. Existe premio; no existe castigo. Más bien llamaría consecuencias a lo que viene cuando no nos encargamos de armar los bordes de nuestro río interior. Si no queremos interactuar con la Vida, con nuestras capacidades o con todo nuestro potencial, no pasa “nada” en apariencia. En mi propia experiencia, lo que sucede por debajo de la superficie es que se abre un vacío existencial tan grande adentro que intentamos llenarlo con todas las cosas equivocadas hasta volver, vapuleados, al campo de juego. De nuevo: es mi experiencia. Puede que tu vínculo con la Vida sea diferente, aunque, de una forma u otra, he visto esto repetirse en mi entorno como un cuento de antaño que pasa de generación en generación, donde el momento de “despertar” por lo general viene después de una gran (y dolorosa) crisis que involucra perder lo más preciado: la familia, la salud, el dinero o todo esto a la vez.
Últimamente me he estado haciendo esa pregunta: ¿qué creo que premia la Vida? Definitivamente no es lo que creía que premiaba, ni lo que aprendí que premiaba y que tenía que perseguir. Durante mucho tiempo creí que los premios estaban asociados a la belleza, al éxito exterior, al trabajo, a la pareja o a las posesiones materiales. Después de tocar algunas de esas campanas, me encontré esperando el desfile de festejo y la medalla alrededor de mi cuello. Spoiler: no pasó.
Estoy esperando que la Vida me responda. El lenguaje que tiene es diferente al que estoy habituada a escuchar; también es completamente distinto al que propone la inteligencia artificial. Definitivamente no me habla diciéndome: “¡Claro, Nico! Aquí tienes lo que premio, ¿te gustaría que te lo recite en español argentino o prefieres que lo diga con acento español?”. Para nada. Suele ser mucho más sutil, y tengo que estar presente en lo que leo, lo que escucho, lo que digo y lo que veo para poder percibirlo. Me deja retazos, fragmentos, piezas del rompecabezas que yo después tengo que buscar unir, con mucha delicadeza y ternura para no desarmar el terreno ya conquistado. Me enseña a bajar un cambio, incluso en eso, a mí que suelo ser despiadada en mis movimientos y destruyo con la misma facilidad con la que construyo.
Empiezo a ver algunos destellos donde detecto que la Vida me dice que el premio tal vez se esconde detrás de la experimentación. Hay algo que sucede cuando me entrego al misterio y dejo que ella me sostenga. Encuentro puntas cuando me permito cambiar y probar todo lo que tengo ganas de probar. Cuando corto las etiquetas que me atan a quien creo que tendría que ser para ser amada, aprobada y adorada, aparecen otros hilos. Cuando dejo de vincularme con hombres performativos que ven a las mujeres como simples objetos para exhibir en un carrusel de Instagram, también. Si dejo de sostener amistades donde tengo que ser versiones mías que ya no existen para ser amada, me entrega una pieza del rompecabezas. Cuando me permito ser compasiva conmigo. Cada vez que mantengo el corazón abierto, que perdono y que pido perdón.
Encuentro que tal vez el premio está en dejar de ser “buena” para empezar a ser simplemente yo.
Puede que me equivoque. Como dije: todavía no tengo la respuesta absoluta. Pero empiezo a tener más espacio para hacerme la pregunta que antes creía tener resuelta: ¿qué premia la Vida, mi Vida?


Entregarse y descubrir los hilos. Al final, no hay premio, porque es un juego en el que el premio es simplemente jugar. Que insólito vivir tantos años creyendo que es una carrera. Gracias Nicole siempre gracias 🫂